lafresa_ revista hiperbreve de arte contemporáneo [sé lo que hicimos el último verano 2]  

 

Exposición

last riot,
AES+F, galería salvador díaz
madrid
   14/09/06-28/10/06

La primera vez que contemplé una obra del equipo artístico AES+F -
Tatiana Arzamasova (1955), Lev Evzovich (1958), Evgeny Svyatsky (1957) y Vladimir Fridkes (1957)- fue en ARCO. Y allí, como sabrán, una de las mayores dificultades es detenerse a mirar, en medio del ciclónico movimiento compulsivo que invade a todos. La inercia propia de las ferias de arte es como la rampa helicoidal del Guggenheim de Nueva York: te empuja a continuar sin freno, prácticamente te escupe de una obra a otra, con la misma necesidad frenética que nos suscita un fast-food. Y, sin embargo, ya digo, con algunas de las obras de AES+F me detuve. Y viajé en el tiempo. A aquel verano de 1999 –efectivamente, no a este último verano- que pasé en Florencia (con la excusa de unas prácticas de restauración, un intrusismo en toda regla). No me retrotraigo al verano en sí; más bien a las muchas tardes que, con una acreditación falsa, conseguía entrar sin pagar –unas dieciséis veces en total- a la galería de los Uffizzi. Allí me dejaba embelesar por el Nacimiento de Venus –imaginando cada vez que el sonido monocorde del aire acondicionado era el céfiro que mecía las doradas guedejas de la diosa- y por algún maravilloso Bronzino.
 


Con estas obras –ahora podemos ver una interesante selección en la Galería Salvador Díaz de Madrid- retrocedo exactamente hasta el Tondo Doni (Miguel Ángel) que representa a la Sagrada Familia y se conserva también en los Uffizzi. El paralelismo es exacto; hay un clasicismo reconocible en las poses –manieristas, de un esteticismo denso-, y el modo de componer sigue los mismos patrones –las figuras humanas de primer término dibujan invisibles esquemas simétricos y compensados; otras figuras más reducidas conforman el paisaje-. Si rebuscamos en nuestras polvorientas enciclopedias de arte (las últimas en papel, ya verán) resultará que nos toparemos con muchos Guidorenis, Caravaggios, Carracis, Botticellis… fácilmente asimilables a los modelos de AES+F. Porque no se trata de una relectura sutil, sino de un guiño descarado. No olvidemos que este equipo artístico saltó a la palestra mediática gracias a que una serie de fotos se hizo famosa en internet y circuló a gran velocidad de un mail a otro, y ello debido a una serie de imágenes de significado evidente. Los de AES+F no son suaves en sus formas, pero funcionan.
 


Consiguen que la frialdad propia del paisaje virtual quede equilibrada por una cálida y sugerente pseudomitología; en algún momento –y pensando que esto fuese pintura- se puede pensar en Neo Rauch y esa ilógica conexión de elementos en horizontes yertos, aunque me temo que carecen realmente de la suculenta complejidad del alemán que menciono (sin embargo, Rauch y estos artistas rusos tienen como referencia el realismo soviético). En estos medallones y panoramas, impresos en tela y barnizados como si se tratase de óleos, lo que hay fundamentalmente es un virtuosismo rayano en el alarde. Las fotografías son extremadamente nítidas e impolutas –desde luego una virtud renacentista más, pues no hay aún la atmósfera velazqueña lógica de los segundos y terceros planos-, y la ordenación última –via photoshop y otras herramientas cotidianas- es sencillamente perfecta.
 


Un poco más nervioso me pone esa iconografía de violencia congelada. A pesar de que no hay sangre por ningún lado (una guerra limpia casi sacada de un videojuego, como admiten estos artistas), reconozco a esa generación ESO –o como quiera que sean sus homónimos de otras latitudes- que ha convertido el lenguaje en una sarta de signos atropellados –via SMS- y que disfruta del espectáculo de la violencia con una parsimonia peligrosa. Estos jovencitos –la mayoría delgadísimos y níveos- son de una belleza aniquiladora, innoble, desconocedores de la pesadumbre de sus actos (los de AES+F los definen como ángeles, con algo del erotismo asexuado autosuficiente de la iconografía tradicional). Veo demasiada verdad en estos cuadros (por muy amanerados y artificiosos que sean), pues reconozco a la sociedad que ha engendrado a estos seres ya extraños para los demás, y a los que tenemos miedo.

Los héroes de esta nueva época tan sólo tienen una identidad: la identidad del rebelde de la última insurrección. La última rebelión, en la que todos luchan contra todos y contra sí mismos, donde ya no hay diferencia entre víctima y agresor, masculino y femenino. El nuevo mundo celebra el fin de la ideología, la historia y la ética.” AES+F
 

Pedro Alarcón, 2006.

fotografías por cortesía de galería Salvador Díaz.

www.salvadordiaz.net
 

 
 

 

[yo sé lo que hizo] arturo marín sanz [arturomarin.blogspot.com]

 

 


Exposición

go west,
stuckistas, galería spectrum
londres
   octubre/06

Este verano no he ido a ningún sitio reseñable (horror, qué condena más triste, qué calor más exasperante, que eterno agosto de tropiezos y desvelos). Por no ir no he ido ni a la feria de Málaga. El único lugar que he visitado con satisfacción y detalle ha sido Gijón. Aparte de pasear por el ‘Elogio del Horizonte’, de visitar algunas galerías muy conservadoras (más bien sositas digamos), de aprender cuatro palabritas en bable y hartarme de sidra hasta que la sonrisa no me cupiera en la cara… Aparte de esto, poco más. Bueno sí, el restaurante Carmen Luarca en la plazuela de San Miguel, pero eso es harina de otro costal y los detalles de mis sabrosísimas degustaciones me los reservo, no vaya a ser que con el populismo se pierda la magia.    

Por el contrario me he entretenido en ver que nos llegará en Otoño, qué podré visitar de interés en los próximos meses que sea merecedor de un esfuerzo de cualquier tipo. He buscado en Sevilla (magnífica la exposición recién inaugurada de Patricio Cabrera en Rafael Ortiz), en Madrid y en Londres. Y en Inglaterra es donde he encontrado la propuesta más interesante. Por diferente, por rebelde, por natural, por desmitificadora, por sencilla.
 

“El arte que tiene que estar en una galería para ser arte no es arte”
PUNTO NÚMERO 5 DEL MANIFIESTO STUCKISTA. 4-8-1999

Un día cualquiera de 1999, la archivalorada Tracey Emin, en un gesto aparente de diva transvanguardista, le espetó con cara de desgana a su novio de entonces -un artista mucho más modesto y menos engreído llamado Billy Childish- You are stuck (que traducido al español puede significar algo así como estás estancado). Tal coraje le dio su postura de superioridad, sus aires de grandeza, su desdén atigresado, que cuando se reunió al poco tiempo con once colegas más para firmar una declaración de intenciones contra este arte pervertido que encabezaba su novia, contra ese arte nihilista que estaba vistiendo al emperador con un traje invisible y que marcaba los caminos a recorrer por los creadores en las islas, lo llamaron con desparpajo Manifiesto stuckista en un guiño irónico desbordado de intención.
 


Como era de esperar, las maneras desentendidas y volubles del arte inglés de la última década -ese British Young Art que desde finales de los años noventa se permitía el lujo de producir lo que le daba la gana- ya no hacen gracia. Estas creaciones especulativas, imprevisibles e insustanciales ideadas entre otros por Damien Hirst, la mencionada Tracey Emin o Chris Ofili, se están pasando de moda como todos los caprichos frívolos. Se han convertido para los galeristas y responsables de museos en un estorbo innecesario, costoso y perecedero que sale poco rentable, que da mucho trabajo y mínimos resultados. Las piezas se deshacen, confunden a los críticos, son difíciles de transportar y  encima están hechas sin ningún interés, con desgana y egolatría, sin tener en cuenta su perdurabilidad, ni su adecuación, ni su accesibilidad. Estas mismas obras que antaño encumbraron gente como el marchante Charles Saatchi o Nicholas Serota, director de la Tate, se han convertido hoy en fichas de un puzle complejo que cada vez encaja peor y que cada vez aburre más a los que tienen que entretenerse en montar su credibilidad.
 


Independientemente de que se esté desinflando por mor de su vacuidad casi teológica, parte importante de la culpa de su descrédito la tienen los Stuckistas, un grupo de pintores figurativos opuestos a los experimentos conceptuales que se han rebelado contra el esnobismo aureolar que convertía a estos malabaristas de lo intangible en seres supremos por encima del bien y del mal. Un contramovimiento interesante que reivindica la valía del formato, la clarividencia de un medio válido y conocido -algo tan sencillo como un cuadro- antes que la irrealidad del todovale. Este colectivo, que con el paso del tiempo va ganando enteros, inaugurará el próximo mes en la galería ‘Spectrum’ de Londres su primera exposición comercial titulada Go West, retrospectiva que ha creado expectación por ser el envés de un haz demasiado maniqueo, por ser el contrapunto de una realidad artística excesivamente politizada e intelectualizada que ha enriquecido a unos pocos pero que ha enturbiado los conceptos del arte en Inglaterra.

 


Entre los cuadros que podrán observarse en la sala destaca uno del artista Charles Thomson, confundador junto con Billy Childish del alzamiento oficializado. En el lienzo, de trazas pop, puede verse en un primer plano la cara de estulto del director de la Tate Gallery, el señor Serota, deliberando ante unas bragas rojas colgadas de un cordel, supuesta obra de Tracey Emin valorada en diez mil libras. Esta crítica tan humorísticamente afilada es una velada mención a La cama sin hacer, obra de Emin finalista de los Premios Turner hace unos años. La instalación que presentó al afamado galardón británico era una cama deshecha sobre la que yacían elementos reales dejados por descuido tras una noche de juerga y sexo. Entre otros, unas bragas y un condón.

Como soy un poco inquieto y la exposición no podrá visitarse hasta el mes que viene, me he entretenido navegando por internet buscando imágenes, ojeando comentarios y leyendo con agrado el Manifiesto Stuckista, plagado de razonables consignas populares tan acertadas como sencillas. No voy a entrar en las calidades de este grupo de pintores, porque los habrá mejores y peores como suele ocurrir con las pluralidades amplias, pero lo que sí vaticino es que este revés ideológico al conceptualismo elitista que ha dominado el último arte inglés tendrá –de hecho ya lo tiene- un éxito inminente. ¿Que por qué lo tengo tan claro? Muy sencillo, sus maneras llevaderas, vigorizadas, entendibles y próximas, son una bocanada de aire fresco para los enrarecidos mentideros artísticos ingleses, faltos de praderas verdes donde pasear a gusto. O en su defecto, de mascarillas oxigenadas que ayuden a los mortales a sobrevivir en las frías alturas de la intelectualidad -riscos inasequibles y níveos, techo escarpado donde los haya- a la que han llevado algunos listillos las rutinas del arte actual en el Reino Unido.
 

Sema D´Acosta, 2006.

fotografías bajo el copyright de los artistas Charles Thomson y Ella Guru,
reproducciones por cortesía de Spectra Gallery London.

www.stuckism.com
www.spectrumlondon.co.uk
 

 
 

 

[lo que hicimos en el verano] elizabeth ross [www.elizabethrossmx.com]

 

 


“Mar en calma, un calor sofocante. A toda velocidad se aproxima una zodiac de color gris. Un pescador somnoliento avista un velero a la deriva y sube a bordo… Con el pretexto de salir a navegar, Ángela y Kino propician un encuentro de sus amigos Mawi y Carlos, pero cuando éste conoce que aquélla es muda se muestra muy desagradable y la repudia. La travesía es un total despropósito hasta que tratando de limar asperezas deciden bañarse en alta mar”. 

En los astilleros se fraguan las leyendas. Cuentan viejos marineros que hace años un grupo de jóvenes salió a navegar y tres días después una patrullera de la guardia civil encontró el velero vacío… En enero del presente año dos amigos actores me retaron a escribir para ellos un cortometraje y me inspiré en esta historia para indagar en los instintos de superación y supervivencia y en cómo reaccionan los hombres ante la adversidad y cómo en situaciones límite fluctúan sus pulsiones.

Contra viento y marea. La primera jornada de rodaje conocimos la fatal noticia: quince días después estrenaban una película norteamericana basada en el mismo hecho. Sin embargo, ni esto ni el constante zumbido de las motos acuáticas ni la invasión de medusas ni el temporal de levante ni los mareos y los consecuentes vómitos de parte del equipo ni la rotura de tres embarcaciones fueron óbice para terminar la grabación y, nunca mejor dicho, para llegar a buen puerto. Ahora recuerdo que alguien propuso hacer el Cómo NO se hizo.

Nacho Albert, 2006.
 

Nacho Albert rodó durante el verano su último cortometraje, "CORNAMUSA", tras resultar premiado su guión en el certamen "Corto Joven" del Ayuntamiento de Málaga, galardón que le fue concedido por segundo año consecutivo. El film será proyectado por primera vez en marzo de 2007 en el cine ALBÉNIZ de la capital malagueña.

 
 

 

[este sabe lo que hicimos] arturo marín sanz [arturomarin.blogspot.com]

 

 

 

Exposición

aventuras de un joven ausente,
guillermo martín bermejo
fundación segundo y santiago montes
valladolid
   septiembre/octubre 06



Aventuras de un joven ausente.
Una canción en plena soledad.
El primer día de frío después de un verano tórrido.
Un cigarrillo en mis ojos.
Un libro de Dennis Cooper.
Un gin-tonic bien servido y uno mal servido.
Viajes, viajes, viajes.
Dibujar en cuadernos Moleskine.
West Side Story.
Las invitaciones de la nueva temporada y el Artforum.
Viajes, viajes, viajes.
Las películas de Robert Mulligan y las de Godard.
Peter Doherty y Kate Moss, siempre.
Descubrir el final del amor y quizá el principio.
Leer hacia dentro.
Un chico vestido de Dior y otro de Jill Sander.
La soledad del Stripper.
Volar lejos con lo que sea.
Una chica vestida de Dior y otra de Jill Sander.
Tattoo en el costado lleno de estrellas.
La escena de Bonjour Tristesse.
Una madrugada en el Binomio.
Viajes, viajes, viajes.
Redescubrir a Hefner.
Mi ángel de Rosario.
Nueva York cuando sea mío y cuando no.
Una cabeza de niño.
Un recortable sobre la pared.
Los teatrillos de juguete.
La belleza.
Lo sórdido.
Y lo demás…
 

Guillermo Martín Bermejo, 2006.

 
 

 


Exposición

gordon matta-clark

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sala A1
04-07-2006 / 16-10-2006



Ya me conocen. No puedo entender el placer sin el dolor ni la gloria sin la penitencia. Verano tras verano –creo haberlo referido en otra ocasión- me fustigo con sudores insanos para luego merecer una bonita brisa color turquesa. Mis sudores de este año han sido derramados, entre otros vericuetos de nuestra red de autovías, por las calles de Madrid. Porque anduve empecinada en ver lo de Picasso junto a los otros grandes, en tragarme casi toda Photoespaña y en peregrinar una vez más a Panta Rhei –mi librería favorita-.

La mayor de las satisfacciones me la pude llevar en el Reina Sofía. Y no precisamente por la antológica de Manolo Valdés, con todos mis respetos; esa exposición me pareció el juego del quién es quién, en la que hasta el espectador menos versado podía reconocer Riberas, Zurbaranes, Velázquez(s) y hasta el frasco de Chanel Nº5 entre las insípidas telas y esculturas (tienen su punto, sí, y la factura es muy perdurable y respetable sin duda, pero son decididamente neutras de voluntad). No pude ser feliz de verdad hasta que, tras tomar mi primer vermout en la suntuosa cafetería del Museo –ese toque chill lounge que ahora lo embarga todo-, pude finalmente ver la maravillosa muestra de Gordon Matta-Clark (Nueva York, 1943-1978), que hizo un agujero en mi corazón.


Un artista obsesivo, otra de mis compulsiones que me empujan a seguir en esta enfervorizada locura de escribir sobre arte, digerir arte, comprar arte y despellejar arte. Un creador con la intención insana de subvertir los espacios y devolvérnoslos horadados. En las fotografías y vídeos que documentan sus intervenciones (no queda en pie nada de lo que hizo) he podido comprender eso que decía Chillida de que los canteros, cuando extraen material de las entrañas de la tierra, introducen el espacio en ella. Tindaya sin hacer, la casa sin barrer. El caso es que nadie comprenderá el porqué de esa seducción maldita de destruir para construir las más sublimes ideas. Segmentando edificios, magnificando brechas que evidencian la inexistente relación interior-exterior, dejando que un imaginario obús clarifique su limpia huella en un inmueble a punto de ser eliminado para siempre por la colectividad.

Hay otro artista actual, George Rousse (pudimos ver un par de intervenciones suyas en “El espacio interior”, Sala Alcalá 31, Madrid, este mes de julio) que tiene una pulsión parecida. Aunque es mucho más cuadriculado y menos pasional que Matta-Clark. Fotografía entornos arquitectónicos que previamente ha trastocado –mediante el color, por ejemplo- y ha hecho observables desde un único punto de vista –el de su angular-. Introduce agujeros ficticios en el espacio. El resultado me recuerda, sí, a las obras de Matta-Clark, aunque no hay color.
 


Matta Clark prorrumpió en las más refrescantes ideas, como presentar en vitrina una fotografía frita con oro (¿?), entre otras delicatessen. A mí me interesa sobre todo, no lo puedo remediar, esa vida al límite, en peligro constante, entre los muros inseguros de inmuebles ocupados, originando escombros que podían revelarse trágicos. Será muy difícil que podamos destilar ahora la emoción de esas fotografías y vídeos –muy esclarecedoras sin embargo-; había que estar allí, al pie de la destrucción y el riesgo, y eso es imposible. Es lo que tiene este tipo de arte documental, y lo bueno se lo llevó el artista –tan pronto, tras vivir tan deprisa- a la tumba.
 

Elektra, 2006.

fotografías por cortesía de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

www.museoreinasofia.es
 

 
 

 

[raya verde] pilar bamba

 

 


Exposiciones

Miquel Barceló
_ La catedral bajo el mar (Catedral de Palma de Mallorca).
Jaume Plensa_ Jerusalem (Es Baluard) Hasta 15/10/06/ Llibres, estampes i mútiples. 1978-2006 (Fundación Pilar i Joan Miró)
Miquel Navarro_ Muntatges, composicions i figures (C.C.C. Pelaires) Hasta 09/11/06

No puedo evitar esa especie de adoración mística que siento al contacto con la materia, lo táctil. Para mí, no existe mayor esbozo de sensualidad que la doble dimensión que desea hacerse hueco en el espacio físico desafiando el universo pictórico y revelando su apetito por hacerse palpable.

Tengo en casa un díptico de María Mallén que implora desde el pasillo caricias y mimos a destajo. Y yo, que soy carne débil, no sé resistir su reclamo y paso el tiempo recorriendo sus ondulaciones y  planicies, como si se tratase de un hermoso texto en braille.

Estarán de acuerdo conmigo en que ciertas obras están para tocarlas, pese al molestísimo no tocar que, para salvaguardar su integridad física, deja al espectador siendo meramente eso, un simple y pasivo observador impotente, sin derecho a más.

Éste y, sólo este caprichoso deseo, me llevó hasta la Catedral de Palma de Mallorca, para disfrutar del tacto de la última gran creación de Miquel Barceló: el mural de la capilla de Sant Pere, destinado al milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Una majestuosa piel de cerámica descrita minuciosamente en el libro “Miquel Barceló. La catedral bajo el mar”, publicado el pasado año.

Ni la más intensa sesión de meditación podía controlar los nervios rapaces, previos al gran momento. Me introduje cauta en la Seo, alternando la mirada entre el plano y el espacio sacro, calculando la incómoda correspondencia numérica entre capillas e intentando no perder detalle.

Según el díptico orientativo, mi tesoro se hallaba a la derecha del altar mayor pero, no podía ser cierto… allí no había ningún arrecife suspendido y craquelado en torno a la figura divina;  no había panes, ni peces, ni flores, ni calaveras en un bloque rompecabezas, agrietado orgánicamente, por las sabias recetas del señor Santoriello. Tan sólo un gigantesco andamio de plásticos negros cubriendo la estructura y dejando a la vista el remate más alto: un potente repliegue de oleaje marino.
 


No sé decirles el tiempo que permanecí inmóvil masticando la cruda decepción. Nadie alcanzó a darme una explicación lógica de lo sucedido: “El artista ha prohibido su visita hasta la finalización de la obra”, “La segunda fase concluirá con la inclusión de los vitrales”… ¿Qué vitrales? ¿qué segunda fase? ¿cómo es posible que haya una publicación sobre la obra donde no se especifique que está inconclusa?

En fin, no sabría explicarles. El caso es que continué vagando por la catedral, sin ver ni padecer, como un zombi desdibujado sin más futuro que el deambular eterno, sin motivación.

De esta guisa, llegué al museo es Baluard, Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma y, divagando por sus salas, descubrí azarosamente Quince agujeros, un lienzo de Barceló que data de 1987 y en el que, asombrosamente, el espacio vuelve a ser protagonista mostrando un paisaje irreal de elipses con vida propia; sugerente materialidad precedente al modelado en barro.
 


A Jaume Plensa le debo la reconciliación con el arte y lo espiritual; después del chasco de la Catedral –por cierto, he sabido más tarde que, tras la inversión millonaria de los murales, la obra se detuvo por falta de presupuesto: seis mil euros por vitral y Barceló se negó a continuar, hasta que una serie de espónsores invirtieron en el proyecto- comencé a sentir una especie de animadversión por los espacios religiosos, hasta descubrir Jerusalem, su última instalación, en el Aljub –antiguo continente de agua dulce, datado en el s. XVII, que servía para suministrar agua al barrio del Puig de Sant Pere y a todos los barcos que llegaban a puerto-, uno de los espacios más interesantes del museo Es Baluard.

Jerusalem se incorpora a la insospechada aventura que inició el artista con el Cantar de los Cantares de Salomón, cuyo atractivo y enigmático erotismo ha suscitado múltiples lecturas –aún recuerdo la magnífica exposición que presentó el CAC Málaga el pasado año: la instalación Wispern, con el goteo musical sobre los címbalos tatuados de versos de Blake y la cortina-laberinto con versos del Cantar de los Cantares-

En la instalación del Aljub, al pasear entre los gongs, que penden del techo alienados en perfecto equilibrio, y golpear su superficie, descubrimos la riqueza de matices y notas musicales que reside en la diferencia de volumen de los textos grabados en la superficie.

La escultura que precede la instalación, una figura humana sentada en actitud reflexiva, despierta nuestro imaginarium y nos induce a pensar en el ser humano como microcosmos que habita en medio de una realidad diversa y plural. Plensa, consciente de que las civilizaciones se forman sobre lo que el hombre ha dicho y hecho, hace miles de años, invoca con mensajes bíblicos antiguos, la diversidad frente a la uniformidad, la pluralidad como fórmula de entendimiento y respeto.

Jerusalem, tesoro de la diferencia -saludable y enriquecedora siempre- contagió de buenos augurios mi estado de ánimo y me hizo disfrutar del resto de la estancia en Mallorca.

Tras completar la visita al museo, me dirigí a la Fundación Pilar i Joan Miró, donde para mi suerte, Jaume Plensa presentaba otra exhibición temporal, Llibres, estampes i mútiples. 1978-2006, un recorrido por su producción gráfica junto a la edición especial, elaborada en los talleres gráficos de la Fundación, de un tríptico de gran formato en la que aparecían litografías de rostros deformados –cual figuras del Greco- aplicados sobre un texto perteneciente a la Declaración de los Derechos humanos de las Naciones Unidas.

Palabras, fotografías y papel sobre los que plasmar idénticos sentimientos, idénticas preocupaciones: todos pertenecemos al mismo cosmos, somos parte de la misma estructura, del mismo engranaje.
 


Me gustaría terminar comentándoles las arquitecturas escultóricas de  Miquel Navarro en la Galería Pelaires. A decir verdad, la encontré de casualidad, de regreso al hotel, la tarde de la inauguración –estas deliciosas coincidencias ocurren por no planificar los viajes-. Multitud de formas geométricas dispersas en la galería se sumaron al glamour de la presencia del artista y al séquito de acompañantes -personalidades distinguidas del mundo de la cultura en el ámbito mallorquín-.

A mi parecer, la obra de Navarro no presenta novedades sustanciales. Sus esculturas de metal repiten similares esquemas desestructurados y yuxtapuestos desde hace años, una seña de identidad para construir  “ciudades escultóricas”, a medio camino entre la figuración y la abstracción.

No quiero decir con ello que su obra carezca de los ingredientes necesarios para estar entre el clan de autores más conocidos actualmente. Además, estoy feliz de tener La Palera (Miquel Navarro, 2002) reforzando el paisaje industrial de la costa malagueña. Sin embargo, por mi carácter impulsivo y agitado, me inclino hacia planteamientos creativos en continua ebullición.

Finalmente, me gustaría añadir que Palma de Mallorca me ha sorprendido gratamente.  Posee un engranaje cultural sólido que apuesta por la gestión y la creación artística contemporánea. Sirva como ejemplo su red de galerías, su programación editada mensualmente y las numerosas actividades que organizan en sus instalaciones –entre ellas, la Nit de l’art que, el pasado 21 de septiembre, celebraba su décima edición y  mostraba, hasta medianoche, las exposiciones de más de treinta galerías-. Museos, fundaciones y galerías hacen de esta ciudad un verdadero referente a tener en cuenta, si aspiramos a  convertirnos en Ciudad Europea de la Cultura 2016.
 

Ana Robles, 2006.

fotografías de Ana Robles por cortesía de Galería Pelaires.
fotografías de la obra de Jaume Plensa por cortesía de Es Baluard.

www.catedraldemallorca.org
www.esbaluard.org
miro.palmademallorca.es

www.pelaires.com
 

 
 
 www.lafresa.org  [todos los derechos reservados] info@lafresa.org